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junio 6, 2013 Publicado por german en Noticias

El Cuarteto cumplió 70 años

El ritmo regional cordobés cumple 70 años el martes 4 de junio. Para celebrar y repasar la historia, siete referentes de todas las épocas se reunieron en La Voz del Interior.



La transmisión radial del concierto de una orquesta que readapta a su instinto las tradiciones musicales de sus antepasados; una lluvia de cartas solicitando actuaciones de esa orquesta y una que conmueve por encima de la media. Es la que escriben los gringos de Colonia Las Pichanas, al norte de Arroyito, en el departamento San Justo, y que invita a la formación a sus fiestas patronales. La fundamentación es clara: “Es la música que más se acerca a la de las celebraciones de nuestros pueblos”. El baile se realizó semanas después del debut radial, para alegría de un poblado de 10 casas, una capilla y una placita. En 1943.
 
El nacimiento del cuarteto, el ritmo regional de Córdoba, tiene todos los condimentos para la evocación mítica. Y por ello, exige una celebración que esté a esa altura.
 
Todo esto pasó hace 70 años, ¡70 años!, y vale ponerle nombres propios al contexto: en Las Pichanas, la paisanada se junta a pasarla bien ante una formación decidida a dar un paso adelante. De hecho, ésta se hace llamar Cuarteto Característico Leo para trascender, y diferenciarse, de la orquesta típica tanguera. Así que es Cuarteto por la cantidad de músicos (el creador Augusto Marzano en contrabajo, Luis Cabero en violín, Miguel Gelfo en acordeón y Leonor Marzano, hija de Augusto, al piano); Característico para reafirmar cierto rasgo regional de proyectar la música de inmigrantes italianos y dejar atrás el tango y la milonga porteña; y Leo para homenajear a la nena Leonor, quien, al cabo, resultaría la responsable de una revolución cuyos alcances y coletazos jamás imaginó.
 
¿Por qué? Al ejecutar, Leonor le dio prioridad a la marcación rítmica con su mano izquierda (lo que se conoce como “tunga-tunga”), pero, al hacerlo, acentuó el primer tiempo en lugar del segundo. Esa invención sentó las bases de una cultura que resistió el paso del tiempo y llegó a convertirse en una industria, en muchos casos recelada por el establishment por demasiado complaciente.
 
Terremoto bailable
La radio que se hizo eco de todo fue LV3. El 4 de junio de 1943, la emisora dispuso su estudio para transmitir una audición del Cuarteto Característico Leo y, por ende, poner al tanto a su audiencia del terremoto bailable que se avecinaba.
 
La buena recepción, como ya se apuntó, generó aluvión de cartas, además de una reprogramación del grupo en el marco del programa Nocturno: en lugar de las 23, de ahora en más los conciertos se transmitirían a las 19. En cualquier caso, el grupo de Marzano ensayaba obsesivamente en su base de operaciones ubicada en calle Jujuy 271 de la ciudad de Córdoba, y perfilaba los caballitos de batalla de aquellas veladas, Sangre ecuatoriana y Mi caballo bayo.
 
Con los años, la formación que luego se conoció simplemente como “La Leo” experimentó cambios sin perder la esencia. Vivió el éxito traducido en bailes repletos y ventas cuantiosas de discos de pasta, una meseta natural y, en el año 2000, su ­canonización por el poder ­político.
 
En efecto, el miércoles 7 de junio de 2000, cuando aún reverberaba el fenómeno mediático protagonizado por Rodrigo, fallecido trágicamente semanas antes, la por entonces legislatura provincial aprobó de modo unánime el proyecto número el 8.656. Presentado por el diputado vecinalista Carlos Pereyra, éste declaraba “a la música de cuartetos como genuina representante del folklore cordobés” e institucionalizaba el 4 de junio como su día en homenaje, claro, al debut radiofónico del Cuarteto Característico Leo.
 
¡70 años! ¿Cómo estar a la altura de semejante efeméride? Por nuestro lado, elegimos in­vitar a referentes de distintas épocas del cuarteto, característico y no tanto, para que soplen velitas en nuestra planta  impresora. Para referir a las primeras épocas, convocamos a Carlitos “Pueblo” Rolán y a Carlos “Mona” Jiménez.
 
Rolán fue fanático de “La Leo” en general y en particular de Sosa Mendieta, su cantante de los primeros años de la década de 1960. Y se convirtió en su cantante en 1965, por obra de la casualidad y no tanto.
 
“Recuerdo todo con mucha felicidad. En ese momento el Cuarteto Leo llenaba solo, no hacía falta que tuviera un nuevo cantante. Ahí me fui fogueando como artista. Estuve por 11 años. Después me fui por razones de familia, en 1972, y me largué como solista. Fui el primer cantante que se despegó para armar una orquesta propia. Ahora es algo muy común, yo hice la punta”, recordó Rolán, mientras entonaba una versión de Mi caballo bayo con Jiménez y para la cámara.
 
¿Qué decir de Jiménez? Que tuvo una parábola artística similar a la de Rolán, ya que primero se afianzó como cantante en Berna, otro cuarteto característico (todos lo eran, por entonces), y luego intentó desarrollarse por las suyas. Lo particular de su caso es que lo hizo en dúo con un familiar (Coquito Ramaló), con quien formó el Cuarteto de Oro y protagonizó un suceso de alcance tal que, en­tonces sí, generó la plataforma de lanzamiento como solista, algo que sucedió en los primeros años de la década de 1980.
 
Desde entonces, “la Mona” es el santo patrono del cuarteto, el gurú con el que buscan congraciarse los rockeros porteños y el que el poder político quiere tener de su lado. “No dejen afuera la versión de Caballo bayo que acabamos de hacer con Rolán”, exige.
 
Fundamentales
En torno a la torta de cumpleaños también se dispuso “el Rey” Pelusa, cantante símbolo de la proyección hacia el pop del cuarteto tal como se lo ­conocía.
 
Pelusa fue uno de los tantos cantantes del fundamental grupo Chébere (junto a Sebastián, Turco Julio, Negro Videla, Toro Quevedo, Rubinho y Fernando Bladys), y hace un año protagonizó un regreso histórico tras una década de autoexilio en ­Estados Unidos. Por estos días, cuenta que surca las rutas argentinas hasta el fin. “Sí, estoy a full. Canto como solista, también en compañía de Chébere, con el Negro Videla. Plena ocupación”, ilustra antes de posar para su foto individual.
 
Para aludir al cuarteto de los la década de 1990, elegimos a los chicos de La Barra, representados por Carlos De Piano, dado que ellos, a su vez, también vivieron una era dorada de nuestro ritmo como miembros de Trulalá, la orquesta formada por el recordado Manolito ­Cánovas.
 
La Barra, se sabe, no sólo atendió al bailarín típicamente cuartetero sino que trabajó duro para abrirse paso a otros públicos, protagonizando un fenómeno transversal que es todo un signo de época.
 
De la nueva guardia, para la que números como Cachumba trilló terreno a comienzos de siglo, se sumaron tres nombres propios que añaden carisma, frenesí y convocatoria a esta historia que está muy lejos de agotarse. Uno es Ulises Bueno, hermano del “Potro” Rodrigo y quien no siente el peso de continuar una tradición. Otro, el eléctrico Damián Córdoba, un catamarqueño al que el cuarteto le entró por ósmosis (lo mismo podría decirse del dominicano Jean Carlos) y que llegó sobre el brindis porque su viejo estaba internado. Y el último es Kesito, cantante de La Banda de Carlitos, acaso el grupo que mejor asimiló el slang callejero cordobés con su “Si te queré í, ite”.
 
“La Mona” Jiménez
Carlitos Jiménez llegó al brindis en tiempo y forma, y fue la voz cantante de la reunión, con divertidas anécdotas que transcurrieron encima y detrás del escenario. Para “la Mona” es “un gusto enorme” compartir con sus colegas esta celebración. “Me encanta venir a festejar los 70 años con la música de cuarteto, ser partícipe de este encuentro. En junio cumplo 46 años con la música, y acá con Carlitos Rolan somos los más veteranos de la historia de esta música”. Al mismo tiempo, se mostró feliz también por estar “con los colegas más jóvenes”, ya que todos se encargan “de que el cuarteto sea siempre el himno cordobés”.
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